La fiebre mundialista ya comenzó.
En los próximos meses, millones de mexicanos volverán a sacar del clóset la playera verde, blanca y roja; recuperarán la esperanza de que ahora sí llegará el ansiado quinto partido y discutirán durante horas quién debe ser titular y quién merece quedarse en la banca.
Pero mientras la afición piensa en goles, penales y fuera de lugar, en Puebla la clase política ya disputa otro Mundial.
Uno donde la copa no se levanta en una cancha, sino en las urnas.
Porque aunque el proceso electoral todavía no inicia formalmente, los equipos ya están concentrados. Los estrategas revisan escenarios, los operadores afinan movimientos, las alianzas comienzan a negociarse y los aspirantes llevan meses calentando en la banda.
Morena sigue siendo el amplio favorito.
Tiene la mayor parte de la afición, controla buena parte del terreno de juego y llega con la ventaja de ser gobierno. Sin embargo, el principal desafío no parece estar enfrente, sino dentro de su propio vestidor.
Hay tantos aspirantes a diputaciones, alcaldías y futuros cargos públicos que aquello parece una visoría permanente.
Todos quieren ser delanteros.
Pocos están dispuestos a defender.
Y prácticamente nadie quiere quedarse en la banca.
Mientras tanto, el Partido del Trabajo y el Partido Verde observan el encuentro con paciencia. Saben que cuando llegue la hora de repartir candidaturas, posiciones y espacios políticos, sus votos volverán a cotizarse como delantero europeo en mercado de verano.
Movimiento Ciudadano busca colocarse como el caballo negro del torneo.
Como esos equipos que llegan sin ser favoritos, pero terminan complicando el camino de los grandes. La apuesta naranja consiste en capitalizar el desgaste de los partidos tradicionales y atraer a los ciudadanos cansados de las mismas caras y los mismos discursos. El reto será demostrar que detrás del marketing también existe estructura, liderazgo y capacidad para competir en serio en territorio poblano.
Mientras los equipos se preparan para saltar a la cancha electoral, los ciudadanos comienzan a revisar estadísticas, recordar marcadores y evaluar quién realmente jugó bien cuando tuvo la oportunidad.
Y en esa revisión inevitable aparece el PAN.
O mejor dicho, la nostalgia de lo que alguna vez representó el PAN.
Porque el principal problema de los albiazules no es Morena. Su principal problema es encontrar un liderazgo capaz de entusiasmar incluso a su propia afición.
Hoy el panismo poblano parece una tribuna dividida. Algunos siguen mirando al pasado, otros buscan rostros nuevos y varios más esperan la llegada de alguien que logre poner orden en el vestidor.
Porque una cosa es ser oposición.
Y otra muy distinta es convertirse en una alternativa real de gobierno.
Por su parte, el PRI enfrenta un desafío diferente.
Juega con la experiencia de sus veteranos, pero muchos de ellos parecen estar más cerca del partido de homenaje que de regresar a la titularidad.
Y hablando de veteranos, ya comenzaron a reaparecer los nombres de siempre.
Los que ya fueron presidentes municipales.
Los que ya tuvieron una oportunidad.
Los que prometieron transformar sus municipios.
Los que dejaron más discursos que resultados.
Los que cuando gobernaron no construyeron, no pavimentaron, no resolvieron los problemas más básicos y hoy aseguran tener la fórmula para hacerlo.
Pareciera que algunos políticos guardaron durante años su uniforme esperando una nueva convocatoria.
Como si la afición hubiera olvidado el marcador de sus administraciones.
Sin embargo, también existen excepciones.
Hay alcaldes que han entendido que la mejor campaña sigue siendo gobernar bien.
Presidentes municipales que han apostado por la infraestructura, la obra pública, los servicios y el mejoramiento urbano.
Ediles que mantienen cercanía con la ciudadanía y cuyos resultados los colocan desde ahora como favoritos para buscar la reelección o dar el salto a una nueva posición política.
Ellos no necesitarán demasiada propaganda.
Las calles hablan por ellos.
Las obras también.
Pero no todos pueden presumir lo mismo.
Hay municipios donde parece existir una competencia permanente para ver quién acumula más baches.
Lugares donde los hoyos tienen más antigüedad que algunas obras públicas.
Calles donde la suspensión de los automóviles sufre más que la oposición.
Gobiernos municipales donde el deterioro urbano avanza al mismo ritmo que las aspiraciones políticas de quienes buscan permanecer en el cargo.
Resulta curioso.
La inseguridad preocupa.
Los servicios públicos fallan.
Los baches crecen.
Pero las ganas de reelegirse parecen crecer todavía más rápido.
En Puebla, el Mundial político ya comenzó.
Los equipos afinan estrategias.
Los aspirantes ensayan discursos.
Las encuestas circulan más que el balón.
Y los ciudadanos observan desde la tribuna.
Porque al final, como ocurre cada cuatro años con la Selección Mexicana, los políticos volverán a pedir apoyo, confianza y esperanza.
La diferencia es que en política sí conocemos el historial de cada jugador.
Y aquí no basta con ponerse la camiseta.
También hay que demostrar que alguna vez se sudó por ella.
Y aquí surge nuevamente la gran pregunta:
¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
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