El miedo tiene memoria, pero la justicia en Puebla parece sufrir de una severa amnesia.
Tuvo que pasar casi medio año —cinco meses exactos de silencio institucional— para que la Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Seguridad Pública finalmente recordaran que la Vía Atlixcáyotl, la arteria más dinámica y blindada de la zona metropolitana, se ha convertido en un campo de tiro.
El pasado 12 de enero se encendieron las alarmas con el primer vehículo baleado. Desde entonces, surgió un vacío que el fin de semana pasado intentaron llenar con un despliegue espectacular y peritos del Instituto de Ciencias Forenses haciendo simulaciones de balística, recreando trayectorias, acompañados por un impresionante patrullaje por tierra y sobrevuelo que pretendía devolverle la tranquilidad a los automovilistas.
Ver la tecnología y el despliegue policial en acción siempre generan una ligera dosis de alivio, no lo vamos a negar, pero la efervescencia de las investigaciones no sustituye a los resultados.
Hoy, mientras las semanas se diluyen, las preguntas fundamentales siguen flotando en el asfalto de la Atlixcáyotl sin recibir respuesta alguna:
¿Dónde está el responsable?
¿En qué rincón de la ciudad se esconde?
Y, sobre todo, ¿Qué lo mueve a jalar el gatillo?
¿Estamos ante un sujeto con un severo trastorno emocional y mental que dispara al azar por la pura adrenalina del caos?
¿O se trata de un desafío abierto, una burla descarada hacia las autoridades?
La realidad es cruda y no se puede tapar con un sobrevuelo en helicóptero pues ya suman 6 carpetas de investigación por daño patrimonial y 1 por lesiones.
Hoy en día, transitar por esta vialidad, especialmente por las noches, ya no se hace con la soltura de antes; se hace con el retrovisor bajo sospecha y el temor latente de convertirse, de la nada, en la próxima víctima de un tirador invisible.
Ahora, lo único que le resta a la FGE y la SSP es entregar resultados pronto.
La opinión pública ya no se conforma con simulaciones; exige, con justa razón, recuperar la paz en sus trayectos diarios. Ni Más Ni Menos
Hasta entonces…
Ana Celia Lara
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