lunes, 22 junio 2026

La política de la selfie

Todavía faltan definiciones, acuerdos y tiempos electorales por recorrer, pero en Puebla ya comenzó una competencia que nada tiene que ver con propuestas, resultados o trabajo territorial. La carrera que hoy se disputa es por aparecer en la fotografía correcta.

La política poblana parece haber entrado en una etapa donde algunos actores creen que una imagen vale más que una trayectoria y que una selfie junto a un personaje influyente equivale a un pase automático a una candidatura.

Las redes sociales se han convertido en el nuevo campo de batalla. Ahí se libra una guerra silenciosa por demostrar cercanía con gobernadores, secretarios de Estado, legisladores, dirigentes partidistas y cualquier figura que pueda ser interpretada como una señal de respaldo político.

El fenómeno no es nuevo, pero sí cada vez más evidente. Hay quienes recorren inauguraciones, informes, reuniones, eventos deportivos, festivales culturales y hasta celebraciones privadas con un solo objetivo: aparecer en la foto.

La desesperación es tal que para algunos ya no importa el motivo del evento. Si hay una cámara, ahí estarán. Si hay un funcionario de alto nivel, buscarán acercarse. Si hay oportunidad de subir una imagen a Facebook, Instagram o X, la aprovecharán sin pensarlo dos veces.

Incluso las desgracias se han convertido en escenarios de promoción personal.

Cuando las lluvias provocan afectaciones en comunidades, cuando una familia pierde su patrimonio o cuando una emergencia obliga a movilizar apoyos, nunca falta quien llegue más preocupado por documentar su presencia que por atender la problemática. La prioridad parece ser obtener la imagen que después acompañará un mensaje cuidadosamente redactado para mostrar sensibilidad, cercanía y compromiso.

La política del territorio está siendo sustituida por la política de la selfie.

Lo paradójico es que muchos de quienes buscan proyectar cercanía con la gente ni siquiera conocen los lugares que visitan. No son pocos los casos en los que llegan a una comunidad, se toman la fotografía de rigor, saludan durante unos minutos y, al publicar el material en redes sociales, terminan cambiándole el nombre a la colonia, al barrio, a la junta auxiliar o incluso al municipio donde estuvieron.

Eso revela una realidad incómoda: para algunos actores políticos el lugar es lo de menos. Lo importante es que la fotografía exista.

Mientras tanto, la lista de aspirantes sigue creciendo. Hay quienes ya se sienten alcaldes, diputados, senadores o integrantes del gabinete antes de que siquiera comiencen los procesos internos de selección. La cantidad de interesados aumenta cada semana, pero las candidaturas siguen siendo las mismas.

Pronto faltarán espacios y sobrarán candidatos.

Sin embargo, muchos parecen convencidos de que una fotografía con una figura nacional les garantiza un lugar en la boleta electoral. Como si las decisiones políticas se tomaran por proximidad física y no por capacidad, estructura, resultados, posicionamiento o rentabilidad electoral.

La realidad suele ser bastante más dura.

Cuando llegue el momento de las definiciones, los partidos revisarán encuestas, números, liderazgos, presencia territorial, capacidad de movilización y acuerdos políticos. Será entonces cuando varios descubran que la fotografía que presumieron durante meses tenía menos valor del que imaginaban.

Hoy algunos políticos que parecen niños llenando el álbum Panini del Mundial de Futbol. Corren de evento en evento buscando la estampa más difícil, la más codiciada, la que puede presumirse en redes sociales. 

Acumulan imágenes con gobernadores, secretarios, legisladores y dirigentes partidistas creyendo que cada fotografía los acerca más a una candidatura.

Pero la política no funciona como un álbum mundialista.

Llegará el día en que varios tengan el álbum completo, lleno de selfies, abrazos, saludos y sonrisas para las redes sociales, pero sin candidatura. Porque las fotografías pueden generar especulación, alimentar rumores y producir miles de reacciones digitales, pero difícilmente sustituyen el trabajo político real.

Al final, las candidaturas no se entregan por aparecer en la imagen correcta ni por acumular publicaciones en redes sociales. Se construyen con resultados, presencia, liderazgo y capacidad de generar confianza.

Y cuando llegue la hora de repartir posiciones, más de uno descubrirá que pasó tanto tiempo buscando salir en la foto que olvidó hacer lo verdaderamente importante: construir razones para ser elegido.

Y aquí la gran pregunta:

¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?

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